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Historia del bolígrafo

En la actualidad, el bolígrafo es el utensilio de escritura que más se emplea en todo el mundo. A todos nos extrañaría encontrar mochilas escolares sin un estuche lleno de ellos, ¿verdad? Si tú has sido estudiante o lo eres ahora mismo, es probable que lo utilices por encima del lápiz o de la pluma estilográfica.

El bolígrafo se creó en el 1943, fruto del trabajo y la idea de los hermanos húngaros Ladislao y Georg Biro. Lo crearon con la finalidad de sustituir a la mencionada pluma estilográfica, que solía atascarse de manera continua.

Los inventores crearon un tipo de tinta viscosa que hacía más fácil la escritura manual, pero que no se podía usar con las plumas de la época. Ladislao dio con la idea perfecta para crear el bolígrafo, que surgió a partir de la imagen de una pelota que rodaba sobre un charco.

Desde su creación, el bolígrafo recibió diversos nombres, tales como plumero, caneta, esferógrafo,  boli o, incluso, birome, el cual hacía referencia al nombre de sus creadores, que también fue el nombre original del proyecto.

Cosechó un gran éxito, sobre todo, por la comodidad que suponía por encima de su predecesora: la carga de tinta estaba incorporada en el propio cuerpo del bolígrafo, lo cual hacía que el usuario ya no tuviera la necesidad de estar pendiente de mojar la punta de manera constante.

Hasta la llegada del boli, utensilio y tinta eran dos elementos aparte. Con él, ambos se unificaron.